RADIO

 

 

LA RADIO COMO CENTRO DE INFORMACIÓN

 

 

“La libertad que requiere el productor de palabras, que es el comunicador que labora en la radio o en la televisión, tal vez no sea la misma que todos necesitamos; es la libertad de expresión que nos permita comunicar ideas, aceptar aquellas que son diferentes, convivir con pensamientos de otros, sí, pero también la libertad de exposición para dar a conocer los hechos y las informaciones, por boca propia y ajena, como mejor marco para la capacidad de comunicación de cada quien, y hasta la libertad idiomática que le dé cabida a giros que todavía no avalan los académicos, pero que cuentan con el respaldo del entendimiento general”[1]. La radio poco a poco se ha convertido en una de las mejores herramientas para la transmisión de información, ya sea de carácter político, económico o social. Sin embargo, en ella como en cualquier otro medio de comunicación siempre ha prevalecido la libertad de expresión, que evita el ser censurado por informar a la sociedad la existencia de diversos acontecimientos que en determinada forma envuelven al mundo. Cabe aclarar que este medio debe tener en cuenta que hay una libertad en la transmisión de la información que no debe ser confundida con la libertad ejercida en la opinión pública, la cual es considerada una herramienta de participación ciudadana, puesto que la objetividad debe predominar en el profesional de la comunicación para evitar lanzar juicios que puedan llegar a confundir al oyente. Esto no quiere decir que la radio no traiga consigo programas de opinión, sino que debe medir el espacio para evitar confundir la utilización de lo subjetivo y lo objetivo. Además, siempre trabaja por  estimular la diversidad cultural, pues esto le permite empoderarse de las necesidades del individuo dentro de determinado grupo social.

 

¿Podríamos decir que la libertad de expresión siempre ha existido?; ¿que nunca se ha presentado censura ante aquél medio o comunicador que de una u otra forma quiere dar a conocer determinado mensaje?; ¿es acaso la radio el único medio que se ha salvado de la opresión?; ¿sin importar el acontecimiento siempre se podrá trasmitir una información sin la intromisión de la manipulación? Cada uno de ellos son claros interrogantes que para muchos no llegarían a tener solución, puesto que se pueden presentar diferentes puntos de vista que no mostrarán la verdad sobre dicho cuestionamiento. Pues existe mi verdad, tú verdad y la verdad universal.

 

No hay que olvidar el poder discutir sobre el papel de la radio en la historia política de Colombia, la cual ha marcado a una Nación que durante largos años ha padecido un “cáncer” social por la irreverencia de los hombres.

 

En los años 80 Caracol radio bajo la presentación del periodista Yamid Amad, toma la decisión de crear un nuevo formato para la presentación de sus programas, el cual consistía en realizar emisiones radiofónicas con temas polémicos que pudieran generar opinión, situación que los ayudó a tener un buen grado de sintonía. Sin embargo la existencia de una competencia generada entre medios, lleva al canal RCN, a copiar esa nueva idea nacida en Caracol radio. Esto es el inicio de una radio que entre competencia y competencia nunca ha dejado de informar, educar, entretener, movilizar y re-crear a cada uno de sus oyentes.

 

Por otra parte podemos tener claros ejemplos de diferentes situaciones políticas. Ubicándonos en un primer contexto, tenemos el asesinato del Ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, ocurrido el 30 de abril de 1984. Esto permitió que los medios de comunicación se empoderaran de dicha situación para tenerla como centro de sus transmisiones, pues comprobada la noticia debía ser informada de forma veraz. El asesinato de Lara Bonilla, tuvo grandes implicaciones no sólo a nivel político sino también a nivel social, pues cada individuo se sentía impotente ante las circunstancias de este asesinato que la radio notificó y del cual se pudo deducir que Colombia entraba en etapas de derramamiento de sangre, donde la radio prevalecería como centro de información.   

 

Podemos recordar el 6 de noviembre de 1985 como el día de una revelación ideológica dirigida por el grupo guerrillero M19, el cual decide realizar la toma del Palacio de Justicia ubicado en la Plaza Bolívar de Bogotá. En este período histórico la radio se encontraba en su hegemonía lo cual le permitió ser la base o el centro de la transmisión de información. “El afán de la radio se centró en sostener las transmisiones en directo, mientras la televisión y la prensa asumían como propias las versiones de la misma radio. El círculo vicioso de la radio fue claro y contundente, inclusive las agencias internacionales la utilizaron como fuente. “Quiso ir más allá de las noticias y dedicó espacio a las crónicas que como en la televisión y prensa, buscaban remover el corazón, ir al sentimiento sin ahondar en causas y consecuencias del desastre”[2]. La veracidad le permitió obtener mayor credibilidad ante las personas que no vivían en carne propia la problemática generada por la toma del Palacio de Justicia, puesto que les permitía la creación de imágenes mentales que con facilidad los ubicaba en el acontecimiento político. 

 

Actualmente existe una intromisión directa del periodista con la información, pues pretende dar opiniones vagas que no vienen al caso, es decir, por hacer más hace menos. Es este momento el que se podría señalar como el más crítico de la radio en Colombia, ya que se encuentra en una encrucijada por la existencia de la manipulación y la abundancia de lo subjetivo que oprime lo objetivo. De igual forma así como se manipula la información se manipula el periodista, ya sea desde el aspecto económico o político. 

 

En ocasiones con la actitud del periodista nos podemos dar cuenta que los presentadores pueden llegar a ser políticos antes que presentadores, pues a veces deciden ser un poco más flexibles con aquellos que se desenvuelven en lo político de forma errónea o ilegal, sin olvidar que hasta ellos mismos terminan ejerciendo doble labor junto al papel que desempañarán como concejales, senadores o cualquier otro cargo dentro de este ámbito gubernamental. A veces el mismo medio termina siendo beneficiado económicamente por este aspecto, entonces la pregunta sería muy clara, pues ¿cómo sobreviven los medios (la radio) si se alejan del sometimiento político? El interrogante podría ser muy polémico y generar diversidad de opiniones, puesto que cada medio trabaja con políticas tomadas desde diferentes perspectivas. Sin embargo existen oposiciones ante este planteamiento, uno de ellos es Michael Harrison el cual señala que “lo que ocurre en la radio no es para nada escandaloso, aparte del hecho de que el público se crea” que los presentadores “están en el negocio de la política. Eso sí que me sobresalta”[3]. No es muy específico en el tema pero si muestra su indignación ante el pensamiento de quienes consideran que algunos presentadores de radio pueden estar en el “negocio político”.

 

“La veracidad debe primar sobre la rapidez. La prisa por transmitir se convierte en opinión interesada. La imparcialidad debe estar basada en criterios profesionales, por encima de opiniones e intereses ajenos a la información. Hoy se carece de elementos informativos y se dispone de mucha opinión”[4]. La imparcialidad y la objetividad son fundamentales para transmitir determinada información, ayuda a no atentar contra la dignidad de los oyentes y a dedicarse a la investigación de cada acontecimiento que se pueda llegar a presentar sin necesidad de intervenir de manera personal.

 

Finalmente, “Cuando el oficio de uno consiste en lanzar palabras al aire, practicar el vuelo de las palabras, la libertad se convierte en el bien más preciado y en el territorio necesario para desempeñar nuestro quehacer. “La radio es, pues, un arma en la insurrección, un garrote en la represión y una mesa en el diálogo”[5]. Es este medio un instrumento de poder que nunca calla y que sin importar las circunstancias ha sido capaz de envolver con palabras la vida de hombres que se encuentran agobiados por las dificultades generadas por sí mismos. 

 

  

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

  • Ricardo Rocha, conocido y muy respetado por su labor como periodista e informador. Radio y democracia: el reto del siglo XXI. México

http://congresosdelalengua.es/zacatecas/plenarias/radio/rocha.htm

  • César Mauricio Velásquez O. Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana y Presidente del Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB). De la toma del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero. La cobertura: ¿una tragedia mayor?

http://tomadelpalaciodejusticia.blogspot.com/feeds/posts/default

UNP No. 84
Título: De la toma del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero La cobertura: ¿una tragedia mayor?
Autor: César Mauricio Velásquez
Sección: Medios
Fecha: Noviembre 27 de 2005

  • Michael Harrison, director de la revista Talkers Magazine, que se publica en Massachusetts, y considerada como la “biblia” de los programas de tertulia y charlas en la radio estadounidense. Programas de radio tienen poca influencia en las elecciones de EE.UU.
    El Servicio Noticioso desde Washington es un producto de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http//usinfo.state.gov/esp)


[1] Ricardo Rocha, conocido y muy respetado por su labor como periodista e informador. Radio y democracia: el reto del siglo XXI.

 

[2] César Mauricio Velásquez O. Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana y Presidente del Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB). De la toma del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero. La cobertura: ¿una tragedia mayor?

 

[3] Michael Harrison, director de la revista Talkers Magazine, que se publica en Massachusetts, y considerada como la “biblia” de los programas de tertulia y charlas en la radio estadounidense. Programas de radio tienen poca influencia en las elecciones de EE.UU.

[4] César Mauricio Velásquez O. Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Sabana y Presidente del Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB). De la toma del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero. La cobertura: ¿una tragedia mayor?

 

[5] Ricardo Rocha, conocido y muy respetado por su labor como periodista e informador. Radio y democracia: el reto del siglo XXI.

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